A la hora de apreciar una obra de arte tenemos que saber valorarla de forma objetiva. El libro de Mª Dolores Nieto García, Comentarios de Literatura Española Contemporánea, nos enseña a hacerlo de su mano. Va dirigido al público en general, con especial atención a los que han sido sus alumnos en grados de Periodismo, Publicidad o Humanidades.

«Se necesitan unos conocimientos técnicos objetivos sobre la materia en cuestión, pero también hay que saber introducirse en el alma del autor para comprender los mensajes que nos ha querido transmitir (…)» dice la autora.

Por ejemplo, cuando la autora comenta los versos de esta poesía de Vicente Aleixandre:

Padre Mío

«[…] Heme hoy aquí, padre, sobre el mundo en tu ausencia

mientras pienso en tu forma sagrada, habitadora acaso

de una sombra amorosa,

por la que nunca, nunca tu corazón me olvida.

Oh padre mío, seguro estoy de que en la tiniebla fuerte

Tú vives y me amas».

En 1944, Aleixandre hace unas declaraciones reveladoras de su poesía, al afirmar que esta se dirige a lo permanente del hombre: «No a lo que refinadamente diferencia, sino a lo que esencialmente une». Aleixandre aclara: «El amor, la tristeza, y el odio son invariables».

Vicente Aleixandre, a través de su poesía, consigue dar al sentimiento amoroso una nueva dimensión: si bien, por un lado, el amor es algo consustancial a la naturaleza humana, sin lo que el hombre no consigue su propia realización, por otro, el poeta nos lo presenta etéreo, entendiendo que su posesión nunca es plena en esta vida, porque está en gran manera por encima del hombre; es algo divino y efímero en la vida presente, aunque necesario. Pero, pese a su conciencia de temporalidad, el amor impregna la vida en la poesía de Aleixandre como un bálsamo imprescindible para aliviar a los seres heridos en su tránsito fugaz entre el nacimiento y la muerte.

La poesía de Aleixandre nos muestra a un poeta preocupado por un mundo desordenado y por un hombre que necesita dar sentido a una existencia desorientada. Como un demiurgo, intenta recomponer las piezas de un puzzle cósmico y encontrar el sentido de la humanidad.  Advierte el poeta la sustancial dependencia del hombre y su mundo, y por lo tanto, considera que la natural ubicación de aquel no es otra que el cosmos al que pertenece. Naturaleza y hombre deben unirse si este no quiere perderse y vagar sin sentido. El hombre tiene que ser parte integrante de su mundo, por eso será tanto más feliz, cuanto más fiel sea a esta integración.

 

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