El Principito, esa magnífica obra literaria que ha influido en tantas generaciones, ahora es inclusiva. La nueva adaptación de la famosa creación de Antoine de Saint-Exupéry está protagonizada por mujeres, utiliza un lenguaje para abarcar ambos géneros, y ha ‘extinguido’ a la icónica boa de sus páginas.

Hoy en día está de moda la hipersensibilidad, y El Principito no podía quedarse atrás en esta carrera de sexos. Este clásico tan querido fue publicado en 1944, cuando no era tan importante la paridad de personajes femeninos y masculinos, o el (mal)trato que pudieran recibir los animales entre sus páginas. También hay que tener en cuenta que se escribió durante la II Guerra Mundial, época en la que tanto escritores como lectores estaban ya curados de espanto, y poco o nada les afectaba encontrarse un dibujo de una serpiente engullendo a un elefante, ¿o era un sombrero?

Sin embargo, hay quien ha creído que, en los tiempos que corren, ese discurso es inaceptable. Ahora necesitamos protagonistas femeninas, igualdad de sexos, lenguaje inclusivo, y referencias ‘ocultas’ a conocidos personajes femeninos de otras épocas. La Principesa, que es como se llama la nueva adaptación, ya está disponible para su compra. Y todo sea dicho, como curiosidad no está mal, pero encontrarte a un volcán inactivo como sustituto de la boa ‘elefantástica’ es cuanto menos irrisorio. Lo que sí está claro es que Dios, en su infinita sabiduría, se está armando de paciencia con nosotros, pero esta literatura ‘políticamente correcta’ se nos está yendo de las manos, y nos estamos ganando a pulso un castigo divino.

El caso es que las autoras de La Principesa decidieron contabilizar la cantidad de sujetos que aparecían en la obra original y descubrieron que, de dieciocho, tan sólo tres eran personajes femeninos. Y todos ellos aparecían en situaciones un tanto desfavorecidas: una frágil rosa que espera el retorno de su dueño, una pérfida serpiente que se come de un bocado a un animal más grande que ella, y una pequeña flor aislada en mitad del desierto. Lo más preocupante de todo esto es que tildaron de “perpetuadora de estereotipos” la original novela de Saint-Exupéry, afirmando que “no es la clase de obras que quieren que sus hijas lean”. En otras palabras, y siendo tremendamente puntillosos, ¿debemos deducir que aquellas mujeres que leyeron la versión original son menos fuertes e independientes? ¿O es que acaso un volcán inactivo no puede (también) herir la ‘sensibilidad femenina’?

Y lo que es aún mejor: ¿Paridad? Una paridad del 60%-40% es una equivalencia ‘ligeramente’ desigual, valga la redundancia. Así pues, el Principito ahora es una Principesa, la rosa ahora es un clavel, y el zorro… esperemos que siga siendo un zorro.

Saint-Exupéry, no te revuelvas mucho donde quiera que estés.

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