Las nuevas tecnologías en la familia y la educación (CEU Ediciones)

Antes de afrontar un estudio sobre la comunicación y las nuevas tecnologías, conviene tener claro los concepto de información, desinformación y manipulación.

Acudimos al profesor Gabriel Galdón, que así responde a esta cuestión en Las nuevas tecnologías en la familia y la educación: retos y riesgos de una realidad inevitable, editado en formato e-book por CEU Ediciones, y coordinado por María Solano Altaba y Mónioca Viñarás Abad.

Pues bien: como dejé escrito hace ya bastantes años, la información periodística es un saber sobre las realidades humanas actuales con proyección e interés social, compartido por periodistas y ciudadanos, mediante el diálogo sobre los textos elaborados por aquellos y difundidos por los medios de comunicación.

Es decir, no basta que se comunique adecuadamente un saber necesario o útil, sino que éste sea correctamente asimilado, entendido, por los destinatarios. Hasta que esa intelección no se produzca no se podrá hablar en puridad de que haya habido información periodística.

No hace falta que ese saber compartido sea perfecto, de matrícula de honor. Si lo es, mejor; y a esa meta hay que tender. Pero también vale un saber de sobresaliente, de notable e, incluso, de aprobado. Pero si no hay saber, si sólo hay un conocimiento superficial y fragmentario, o falso y equivocado, o inane y vacío, o insignificante e irrelevante…, lo que hay es desinformación.

Desinformación que, por tanto, no es otra cosa, como ya escribí también, que “la ausencia de verdadera información o de información verdadera” (Galdón, 2001:48). Una persona desinformada es una persona que no sabe lo verdadero y esencial de algo; que está en el error o que tiene una confusión mental y vital sobre los temas que necesita o le son útiles saber para actuar libre y solidariamente.

Esta desinformación puede producirse por un sinfín de causas interrelacionadas. La mayor parte de ellas no son intencionadas, sino que obedecen a una serie de deficiencias de tipo conceptual y estructural, cuando no a las propias debilidades intelectuales y morales inherentes a los seres humanos, ya sean periodistas o ciudadanos.

Pero cuando esa desinformación se busca adrede, cuando hay una intención clara de engañar por parte de los promotores y realizadores de la información, y no se produce una resistencia crítica por parte de los ciudadanos, entonces estamos ante lo que quiero denominar, por aquello de que es bueno distinguir lo distinto, manipulación.

La manipulación es, por tanto, la desinformación intencionada que, a través de las diversas técnicas de ocultación o tergiversación de la realidad, se elabora con verosimilitud al servicio de los diversos intereses del poder dominante y que, por falta de resistencia crítica, impregna a parte de los ciudadanos.

Una vez realizadas esas distinciones conceptuales, podemos ya pasar a describir la situación mayoritaria de desinformación a la que conduce el periodismo “objetivista”, y que ha hecho posible la manipulación de los ciudadanos por parte de los que dirigen y controlan los medios, desde hace ya muchas décadas, antes de la irrupción de Internet en nuestras vidas. Nos referiremos posteriormente a lo que, en ese caldo de cultivo, ha significado la aparición y el uso de Internet. Por último, esbozaremos la gran tarea educativa que hay que emprender para que, en efecto, los ciudadanos soliciten y exijan la información que necesitan para ser libres y solidarios y sean parte activa del proceso informativo.

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