El profesor Aquilino Polaino acaba de publicar en CEU Ediciones, Amar el amor humano. Algunas aportaciones del pensamiento de Juan Pablo II a la Psicología. En el epílogo de este magnífico ensayo, Polaino contrasta la personalidad de Juan Pablo II con un concepto muy de moda en la moderna psicología, la resiliencia:

A Karol Wojtyla, sin duda alguna, se le podría calificar con todo derecho como una personalidad poderosamente resiliente, según los psicólogos, a pesar de que tal explicación resulte insuficiente. Baste con recordar aquí, con toda brevedad, los dolorosos hechos familiares y biográficos que configuraron, desde la infancia, su experiencia de la vida.

Estos hechos se resumen, de forma muy sucinta, en los siguientes: la muerte de su hermana a las pocas semanas de nacer, antes de que Karol (o Lolek) naciera. La muerte de su madre, Emilia, cuando Lolek tenía apenas 9 años. A su madre dedica, cuando contaba 19 años, una de sus primeras piezas literarias (“Sobre tu tumba blanca”; Karol Wojtyla [1939 (2001)], p. 36-37, traducida al castellano en Guerra, R. (2007), p. 291). La muerte de su hermano Edmund (catorce años mayor que él), al que le unía una profunda e intensa relación (¿algo así como su “alter ego”?), cuando era un preadolescente de 12 años de edad.

Weigel (1998, p. 58), pone en boca del Padre Kasimirz Suder lo que sigue: “la impresión que causara en Lolek la muerte totalmente inesperada de su hermano fue incluso mayor que la producida por la muerte de su madre”. Según otros autores, “en la memoria del muchacho –el joven Karol– quedó impresa para siempre la memoria del padre que, junto al féretro del hijo –el fallecido hermano mayor de Karol, Edmund–, repetía entre lágrimas unas palabras trocadas en invocación: “¡Señor, cúmplase tu voluntad!” (Dziwisz, Drazek, Buzzonetti y Comastri, 2006, p. 57). Por último, la muerte de su padre en febrero de 1941, justo cuando Lolek contaba 21 años, pone fin y sella su drama familiar. Como escribe Weigel (1999, p. 55), “Karol Wojtyla tuvo muchos mentores en su juventud y adolescencia. El más influyente de todos sería su padre”.

“Lolek –continúa el autor antes citado– pasó toda la noche de rodillas junto al cuerpo de su padre, rezando y hablando con Juliusz Kydrynski, que había acudido a acompañarle; el joven huérfano recordaría más tarde que, a pesar de la presencia de su amigo, “nunca me había sentido tan solo…” (Weigel, 1999, p. 104).

A ello se sumaría después una multitud de experiencias traumáticas y muy dolorosas, como el drama de su amada Polonia, la renuncia provisional a su vocación universitaria, los trabajos forzados a que le sometió las circunstancias políticas de su país, etc. Estos y otros sufrimientos se prolongarían y le acompañarían durante toda su vida, aunque con contenidos muy diversos.

Para profundizar en la biografía de Juan Pablo II pueden consultarse, a este respecto, algunas recientes publicaciones (cfr Bujak y Malinski, 1994; Szulc, 1995; Weigel, 1999; Dziwisz, 2007).

Para seguir con su trayectoria vital, baste con espigar ahora otros de los hitos más elocuentes que jalonaron su biografía: sus batallas, como Obispo, contra un régimen invasor y totalitario; su elección como Papa; el mortal atentado que sufrió; las graves dificultades de su pontificado; los numerosos y fatigosos viajes pastorales que realizó, no siempre acogido con el debido respeto; la humillante enfermedad que puso fin a su vida; etc. Esto es apenas una parte de lo que conocemos acerca de su vida; del resto, ignoramus et ignorabimos. A pesar de ello, no obstante, parece que jamás perdió la fortaleza y la alegría.

Sin duda alguna, de las anteriores circunstancias emergió una de las personalidades más recias, maduras y atractivas del siglo XX: la personalidad de un líder natural y espiritual indiscutible. Una personalidad que, muy probablemente, se forjó y templó en la temprana experiencia del sufrimiento. De acuerdo con los datos disponibles –y de aceptarse el término psicológico de personalidad resiliente–, habría que concluir que este concepto puede predicarse, con toda justicia, de Juan Pablo II.

Amar el amor humano. Algunas aportaciones del pensamiento de Juan Pablo II a la Psicología, de Aquilino Polaino-Lorente.

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