TOROS

Portada del libro, con la ilustración de Francisco Armenteros

Esta semana se presentó en Madrid el noveno título de la colección Aula de Tauromaquía, con el título de Raíces y toros.

La presentación corrió a cargo de Rafael Cabrera (director del Aula de Tauromaquia),  la profesora Beatriz Badorrey, y Pablo Velasco como editor de CEU Ediciones.

La profesora Badorrey hizo una invitación a la lectura del libro, repasando y subrayando algunos datos de los distintos capítulos que forman el libro, que suponen una plasmación de la riqueza y diversidad creativa surgida entorno a la tauromaquia. Y lo hizo con una formas muy taurinas, no sólo por su atuendo (llevaba una preciosa chaqueta que se asemejaba a un traje de luces), sino por que cumplió con esa triada que tanto admiran los aficionados: parar, templar, mandar.

 

Este es el índice del libro:
1. ¿Quién es el verdadero protagonista de la fiesta?
ANTONIO PURROY UNANUA
2. La historia del toro de lidia en los términos de Segura de la Sierra.
Siglos XVII y XVIII
ANTONIO MORALES ARIAS
3. Siglo XIX: la edad de oro de la casta navarra en Pamplona
KOLDO LARREA
4. Don Juan Contreras y Murillo, creador de un encaste
RAFAEL CABRERA BONET
5. Base hereditaria del comportamiento en la raza bovina de lidia
JAVIER CAÑÓN
6. Primeros pasos de la corrida moderna en el Madrid del siglo XVIII
RAFAEL CABRERA BONET
7. Luis María de Salazar, Conde de Salazar, un ilustrado decidido
defensor de las corridas de toros
JESÚS MARÍA GARCÍA AÑOVEROS
8. Chicuelo: la verdad de Sevilla
IGNACIO DE COSSÍO
9. Los toros en el franquismo
DOMINGO DELGADO DE LA CÁMARA

 

Los asistentes a la presentación, que conformaron un nutrido grupo, muchos de ellos ya conocidos del aula de tauromaquia, recordaron, por su disfrute, aquella tarde de Chicuelo y su faena con el toro “Corchaito”, cuyo cronista relataba así:

«..¿Cómo toreó Chicuelo? Como nunca se ha toreado, como jamás se toreará. Comienza con cuatro naturales estupendos, ligados con uno de pecho soberbio. La ovación vuelve a reproducirse y los olés atruenan el espacio. Vuelve a ligar–siempre con la izquierda– otros tres naturales soberanos. La plaza es un clamor y el público, enardecido, loco, jalea la inmensa faena. Pero lo grandioso, lo indescriptible, lo que arrebata al público hasta el delirio, es cuando el torero, ¡el torero!, ejecuta cuatro veces el pase en redondo girando sobre los talones en un palmo de terreno. Es algo portentoso, de maravilla, y de sueño. Suave, lento, el toro va embebido, prendido, sugestionado, describiendo dos círculos en torno al artista, que permanece inmóvil en el centro. Ahora el público no aplaude: grita, gesticula, se abrazan unos espectadores con otros, y de pronto, como si el mismo entusiasmo hubiera prendido en todas las manos, la plaza se cubre de blancos pañuelos, como una inmensa bandada de blanca palomas, que agitan las alas pidiendo la oreja para el sublime artista, que liga otros dos naturales inmensos, dos ayudados magnos, un afarolado maravilloso, altos y cambiados sublimes. Cada muletazo es un alarido Señala un pinchazo y continúa su grandiosa, portentosa faena, creciéndose, con otros cuatro naturales de asombro y dos de pecho soberbios. Otro pinchazo y otros dos naturales enormes. La plaza parece un volcán que tuviera fuego en sus entrañas. El entusiasmo del público llega al límite del paroxismo. Vuelve a entrar a matar y coloca una media estocada superior. Se hace en la plaza un silencio augusto. El toro por un momento se mantiene en equilibrio, y rueda a los pies del maravilloso, del excelso artista…los catorce mil pañuelos flamean pidiendo las dos orejas para premiar la gloriosa hazaña…Le conceden las dos orejas y se interrumpe la corrida para que Chicuelo de dos vueltas al ruedo. Ha sido la obra de un dios, de un iluminado, de un loco sublime y genial…. ¡Salve, Chicuelo!, ¡Salve tu arte soberano! Cuando todo se borre y pierda en la historia del toreo, quedará esa faena como una cumbre memorable, que elevará solitaria su cima al infinito».

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