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Extracto de José Luis Gutiérrez sobre La escuela del Debate, en Ángel Herrera Oria, periodista.

Tercer botón de muestra de la capacidad creadora de obras del director de El Debate. Institución única entonces en España, debió su existencia a la iniciativa personal de Ángel Herrera. Una de sus intuiciones anticipadoras del necesario perfeccionamiento de la profesión periodística en España. Y una de las grandes aportaciones culturales de El Debate.
Tuvo la Escuela su prehistoria y su desarrollo.
Llevaba Herrera Oria quince años al frente del periódico. Su experiencia se había consolidado. Desde principios de la década de los veinte la redacción se había ampliado más en calidad que en número de redactores. Disponía del asesoramiento del reciente Consejo de Redacción. Herrera meditaba la necesidad de formar a fondo al periodista, al informador, al redactor de prensa. Y atendió, en la fase de gestación previa de su idea, a dos frentes: el análisis de lo que se hacía fuera de España y la respuesta a la objeción que desde dentro se hacía a la creación de una escuela de periodistas. Envió a los Estados Unidos, como acabo de indicar, a una terna de hombres de su plena confianza para que estudiaran el tema allí. Y él viajó a Alemania para comprobar las iniciativas germánicas en este campo. Estudió lo que en Europa se hacía. Y con el acopio de los datos americanos y las conclusiones a que llegó, a la vista de los estudios comparados de cuanto se hacía en Europa, procedió a la creación de su Escuela. Se inspiró sobre todo en la experiencia norteamericana, dedicada con sentido
práctico al tratamiento pleno de la noticia, de la información, y también de la publicidad.
Incorporó algo menos de la orientación alemana, orientada más a lo científico que a lo práctico.
Y hubo de hacer frente a la opinión de no pocos que en el mundo de la prensa española consideraban que la formación del periodista se hace únicamente en las redacciones con la experiencia del escribir a diario.
Herrera Oria reconocía la parte de verdad que esta afirmación contiene, pero consideraba con razón que la preparación técnica pule, enriquece, vigoriza la experiencia.

“¡Quién duda que Gayarre o Caruso, sin las condiciones portentosas de su voz, no hubiesen sido artistas de renombre mundial! Mas, ¿cómo negar que sin una depurada escuela de canto tampoco hubieran llegado a escalar las cimas del arte?”.
Convencido de la bondad de su idea, confirmado por la experiencia estadounidense y la alemana, asesorado por el Consejo de Redacción, Herrera creó en la primavera de 1926 la Escuela de Periodismo de El Debate, con una sola cátedra, la de redacción, dirigida por Manuel Graña. Se pensó, sin embargo, desde el primer momento en establecer dos sistemas: uno, de curso intensivo para mayores de diez
y siete años; y otro, de ciclo académico –un quinquenio– para alumnos de catorce a diez y siete años procedentes de la enseñanza media. Con dos exámenes, uno, eliminatorio en enero; y otro, definitivo, en mayo. Y así desde 1926 a 1936. Diez años de vida tuvo la Escuela.
Algunos datos estadísticos resumen su actuación. El número de cátedras explicadas pasó de 5 en 1926-1927 a 35 en 1935-1936. El número de solicitudes a lo largo del decenio ascendió a 1.733. El número de admitidos se redujo a 417. Durante esos años, 7 alumnos ocuparon la dirección de sendos diarios y fueron 60 los alumnos admitidos en las redacciones de diarios de 11 provincias.
El director de la Escuela era nombrado por el Consejo de Administración de la Editorial Católica y estaba asesorado por una Comisión permanente de seis miembros designados cada curso por el propio director de la Escuela. Dos juntas de profesores se encargaban de la selección de solicitantes, una para el curso intensivo y otra para el ciclo académico del quinquenio. Había en éste disciplinas troncales y asignaturas de libre configuración, con la terminología académica actual.

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