Extracto del capítulo del profesor Aquilino Polaino en Realidad, ciencia e ideología

1. Aniquilación del patriarcado, es decir, de todas las estructuras sociales, económicas y culturales que –según esta ideología- privilegian al hombre. Como consecuencia de ello la masculinidad esté hoy más en crisis que la feminidad. A lo que parece, en la actualidad, está más desvalido el hombre que la mujer.
2. La destrucción de instituciones como la familia, la Iglesia y las universidades, que son las que han hecho posible la emergencia de la sociedad actual. Según la IdG estas estructuras han hecho que se vertebre el protagonismo del varón a expensas de la marginación de la mujer. De aquí que se persiga la liberación de la mujer a través del rechazo de la heterosexualidad, y la construcción y generalización de una nueva sexualidad en la que todo esté permitido: desde el lesbianismo al autoerotismo.
3. La disociación entre sexo, maternidad y paternidad. El sexo ha sido el motor de la vieja política, puesto que sin él no se habrían producido esas diferencias que amparan la injusticia: la paternidad (clase opresora) y la maternidad (clase oprimida). Las mujeres son diferentes porque soportan los embarazos y se dedican a criar y educar a los hijos. Esa es la razón por la que son oprimidas y se sienten inferiores. Para eliminar esta opresión no hay otra solución que extinguir la maternidad.
4. La imposición de una sexualidad liberada de toda referencia a la maternidad, las costumbres, tradiciones, roles, funciones, normas, religión, familia, etc. Una vez disociada la sexualidad de la procreación, todo está permitido. El sexo no es innato sino que se autoconstruye. El sexo no es consistente y estable, sino algo modificable, que se va diseñando a lo largo de la vida, en función de la elección y los deseos de cada persona, que es al fin el arquitecto de su propia sexualidad. Como puede observarse, aquí se confunde sexo y comportamiento sexual.
5. El final de la familia biológica y la represión sexual. La IdG sostiene que la familia es una institución perversa inventada por el hombre para oprimir a la mujer. Su abolición es una exigencia previa a la liberación de la mujer. Hasta que la familia no se extinga no se conseguirá la liberación sexual.
6. El regreso a la sexualidad polimórfica y perversa. La IdG parte del modelo de Rousseau y de Freud, según los cuales, el niño es un “perverso polimorfo”, abierto a cualquier forma de satisfacción sexual. Para liberarlo de la represión es preciso que cada uno/a elija su peculiar forma de lograr la satisfacción sexual.
7. La promoción de la libre elección (“Free Choice”). Este concepto muy extendido en la actual cultura norteamericana, pone de manifiesto que cada uno elige lo que quiere ser, tanto en el comportamiento sexual como en la diversidad de las formas en las que se establecen las relaciones sexuales. La IdG postula que puede elegirse –sucesiva o alternativamente- ser hombre heterosexual, mujer heterosexual, hombre homosexual, mujer homosexual o/y hombres y mujeres bisexuales. Sin duda alguna, uno de los efectos de la Free Choice es el aumento de los problemas de identidad sexual, especialmente entre los jóvenes. La fragmentación de la identidad sexual y personal o su indefinición puede prolongar e intensificar el sufrimiento humano durante años; en ocasiones, durante toda la vida.
8. La oposición al matrimonio monógamo, hasta su extinción. La IdG sostiene que el matrimonio monógamo es el que ha venido auspiciando las obsoletas “diferencias construidas” acerca del hombre y la mujer.
9. El desprecio tácito y explícito del trabajo doméstico, y la eliminación de toda estereotipia de género en la educación infantil. Este aserto de la IdG es mera consecuencia de su decidido empeño en destruir la familia. Repugna a la razón que en una perspectiva neomarxista no se considere el trabajo doméstico como una forma más –y muy necesaria, por cierto- de trabajo. La eliminación de toda “estereotipia” en la educación infantil es apenas un resultado más del concepto de género de que se parte.
10. La eliminación de la religión como una invención de los hombres para oprimir a las mujeres. Las feministas radicales de EEUU llegaron a proponer en 1989 la creencia en una diosa.

Como puede observarse, la agenda feminista no cesa. En Europa la agenda feminista y la IdG son también muy activas, sobre todo porque están subvencionadas por los gobiernos (cursos on-line, departamentos universitarios, etc.).
En esta situación, es un deber de justicia que los padres hablen y eduquen a sus hijos en la sexualidad: el padre al hijo y la madre a la hija; y si pueden hacerlo con ilustraciones, mejor aún. Si en el origen de cada persona hay un acto sexual de sus padres, ¿por qué no hablar de ello? Cuando los hijos pregunten de dónde vienen, cómo fueron engendrados y dónde nacieron hay que responderles siempre. Si los hijos no preguntan, son los padres los que debieran tomar la iniciativa. Para ello pueden ayudarse de algunos de los programas de educación afectivo-sexual, de orientación cristiana, de los que actualmente disponemos.

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