La cultura digital, con la irrupción de Internet y los teléfonos inteligentes, ha dado paso a una lectura más superficial, rápida y también más fácil. Este cambio en nuestra forma de acceder al saber tiene importantes consecuencias para nuestro cerebro y nuestra manera de pensar: el cerebro es un músculo que se fortalece o debilita según nuestro estilo de vida y la manera en que lo ejercitamos.

Luis Torras destaca en este interesante artículo en Medium la forma en la que Internet y el uso intensivo de las redes sociales modifican nuestra forma de leer y nuestra forma de pensar. Al igual que el cambio del mundo de la cultura oral a la cultura escrita provocó numerosas alteraciones en el aprendizaje, la aparición de las nuevas tecnologías digitales ha supuesto la aparición de nuevas normas y medios -por tanto, también de nuevos cambios en nuestra manera de pensar.

“Desde la invención de la imprenta de Johannes Gutemberg (…), el libro ha ocupado el espacio central a la hora de trabajar, configurar, y debatir el pensamiento: nuestra manera de pensar y de aproximarnos a la realidad se ha ido configurando en base al proceso de lectura profunda que exigen los libros.”

Si nuestra forma de adquirir conocimiento determina quiénes somos, ¿cómo afectan los cambios incorporados por Internet a nuestra manera de pensar?
La Red tiene una forma adictiva de estimular nuestra mente: impulsos fugaces, sensoriales e interactivos, que requieren poco esfuerzo y un sistema de respuestas y recompensas muy rápidas. La interactividad, –retuits, “likes” o comentarios en nuestro blog–, añade un elemento más de adicción. Tiene, por tanto, un gran potencial para desplazar al libro, que requiere mucho más esfuerzo y constancia. La Red nos devuelve a un estado natural de dispersión, poniendo al alcance del mouse infinidad de distracciones.
Por eso la lectura resulta tan importante. La lectura nos ayuda a generar el hábito de filtrar las distracciones. Se ha demostrado que la gente capaz de leer de manera lineal entiende mejor las cosas, recuerda más y tiene una mayor capacidad de aprendizaje que aquellos que leen un texto a trompicones, saltando de un link a otro.

Como señala Torras, reservar una parte del día a fortalecer el hábito lector es tan de importante, a la larga, como reservarlo para la práctica de un deporte.

Puedes leer el artículo original aquí.

 

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