Según varias investigaciones, la tecnología nos está haciendo perder capacidad de atención y de análisis. Consumimos-escaneamos-‘píldoras’ de información desde nuestro teléfono; nos ha convertido en lectores de titulares. Es innegable que nuestra forma de consumir contenidos culturales ha cambiado, pero, ¿cómo ha afectado la tecnología a la lectura? ¿se ha producido una pérdida de comprensión lectora?
Procesamos la información de distinta forma cuando leemos sobre papel o sobre una pantalla. Esto hace que cada dispositivo sea más adecuado para  el tipo concreto de lectura que vamos a hacer (no significa que ya no seamos capaces de leer cualquier novela de una extensión normal, sino que la calidad de la lectura se ve afectada). Además, cada vez está más presente para el lector un segundo soporte en el que buscamos referencias o palabras. Esto puede abrir más interrogantes, iniciar nuevos debates en redes. Cuando ocurre, dejamos de ser meros ‘consumidores’ del contenido, para aportar nuevas líneas de razonamiento en las que el libro, quizá, no se detiene.

Lejos de demonizar el uso de la tecnología, el neurólogo Facundo Manes nos recuerda que lo bueno es que la lectura se dé. Como destaca en ‘El cerebro persigue palabras’:

‘La clave, más que en el instrumento, está en el soporte y el canal de las palabras, en el desarrollo, la capacidad crítica y el bienestar del cerebro lector.’

 

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