“Un estudio reciente demuestra que los estudiantes universitarios prefieren el papel al formato e-book en una proporción alarmante (casi nueve a uno). ¿Supone esto la sentencia de muerte del formato electrónico? ¿O que el libro electrónico han fallado, al no estar a la altura de su potencial? Podemos interpretar los éxitos y las deficiencias de los libros electrónicos entendiendo que la manera en que consumimos la literatura, el soporte, puede ser tan importante como las propias palabras.

Llevar un Kindle en el bolsillo de la chaqueta es más simple que hacer malabarismos con los siete volúmenes de tapa dura de “In Search of Lost Time”. Pero, si el único problema que el Kindle ha tratado de resolver era el espacio en el equipaje, los libros de bolsillo y los formatos reducidos funcionan en el mismo sentido desde hace tiempo. El e-book necesita competir con sus mejores armas, que es lo que no está haciendo ahora. Y esto tiene que ver con tecnología.

Hace poco me encontré con un vídeo que mostraba con esperanza (en 2010) cómo la tecnología aplicada a la lectura no solo podía cambiar la forma en la que compartimos literatura con otros, sino cómo la literatura en sí podía aportarnos más mediante la tecnología. Es, en parte, el típico vídeo con jerga vacía de Silicon Valley. Pero su mensaje, especialmente su última parte, nos enseña que la tecnología puede mejorar la experiencia de lectura, no solo hacerla más cómoda” (…)


Podéis leer el artículo completo de John Bradley en el blog The Wild Detectives.

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