El escritor Aquilino Duque propone un original e interesante recorrido por la vida y obra de las grandes figuras de la literatura posterior a la Guerra Civil, con algunas de las cuales compartió anécdotas y vivencias. 

No hay mejor testigo de la historia que aquel que ha sido protagonista de ella. Este es el caso del escritor Aquilino Duque (Sevilla, 1931), que dedica su última obra, Memoria,  ficción y poesía, a grandes literatos con los que confiesa tener “una afinidad estilística y espiritual, […] de simple lector y de admirador envidioso”.

Publicado por la Editorial Universidad de Sevilla y CEU Ediciones, el libro ofrece un recorrido por el universo literario posterior a la Guerra Civil. Al tiempo que reivindica la producción de estos artistas, repasa el contexto político y cultural de España desde los años 40. Dividido en tres partes, con una introducción, contiene sugerentes ideas del autor, como su visión del literato: “Un escritor no tiene por qué ser un modelo de integridad personal. Lo que de un artista se espera no es que sea un ciudadano modélico, sino un hombre de talento”.

A juicio de Duque, muchas de estas figuras no han sido justamente tratadas. Es el caso de José María Pemán, con el que se abre la obra, un poeta que “nunca pudo conseguir que la Academia sueca sancionara su afán de universalidad”. El gaditano “fue un señor, cuando esa palabra quería decir algo. Si a una época hay que juzgarla por los hombres que triunfan en ella, la época en que triunfó Pemán no pudo ser tan mísera como hoy se nos quiere hacer creer”.

Un considerable espacio dedica también a los que llama Ramón y don Ramón: Gómez de la Serna y Valle-Inclán, respectivamente. Dos autores que -dice- nunca pasaron de moda, aunque fueron ignorados o silenciados.

Lorca, Alberti y los filisteos de la cultura

Otros relevantes escritores a los que se sintió muy vinculado fueron Federico García Lorca y Rafael Alberti, de quienes apunta: “¡Qué años aquellos en que estos poetas eran patrimonio de unos pocos aprendices de poeta! Tampoco nadie nos podía haber dicho que un día nos los irían a arrebatar los filisteos de cultura”. Del artífice de Llanto por Ignacio Sánchez Mejías considera que “fue la víctima inocente de una guerra inevitable […]”.

Para Aquilino Duque, Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez, es el mejor libro de prosa de la primera mitad del siglo XX, mientras que el de la segunda lo es El bosque animado -al que compara con El libro de la selva-. De su autor, Wenceslao Fernández Flórez, habla largo y tendido.

A Luis Rosales le dedica pasajes tan bellos como este: “[…] se ha limitado a edificar sobre su corazón y a hacer habitable su morada”. Y del malogrado Miguel Hernández afirma que “[…] la poesía fue la pasión que resumía todas las demás pasiones de una vida que duró lo que la juventud”.

Por el libro desfilan también Dionisio Ridruejo, Agustín de Foxá, Luis Cernuda o Gerardo Diego, entro otros muchos.

Las anécdotas, lo más valioso de Memoria, ficción y poesía

Lo más destacado de Memoria, ficción y poesía es que está salpicado de anécdotas que hacen más fluida su lectura, pues el autor trabó amistad con muchos de los escritores, algunos de los cuales también influyeron en su aprendizaje. Así, recrea sus vivencias junto a los literatos, las relaciones de estos entre sí y también con otros personajes contemporáneos. No faltan los paralelismos: “En el caso de [Gabriel] Celaya, la palabra propia le llega con la madurez, mientras que un poeta de sensaciones como Alberti inventa un lenguaje y una música desde que tiene uso de razón”.

La obra propone un mensaje de aliento para afrontar el futuro: “Si uno da crédito en estos días a moralistas, sociólogos y poetas, llega a la conclusión que de un pasado inmediato próspero y exaltado hemos caído en un presente mísero y abyecto. Yo ni quito ni pongo rey, pero por lo que a mi experiencia española respecta, estoy absolutamente convencido de que cualquier tiempo pasado fue peor”.

Memoria, ficción y poesía contiene reflexiones sobre temas políticos: “¿Por qué tiene que hozar siempre en lo obsceno y lo macabro, sobre todo a partir del surrealismo y del expresionismo, la llamada cultura de izquierdas?” Religiosos: “La vida espiritual y moral ha pasado de ser patrimonio de unas minorías selectas a ser pasto de unas minorías abyectas”. Y metafísicos: “La verdad es única, pero el hombre no está dotado para abarcarla en su totalidad […]”.

El libro, recomendable para amantes de la literatura y de la historia, es un original e interesante homenaje a los grandes escritores de la época posterior a la Guerra Civil. El autor humaniza y acerca al lector estas figuras, con algunas de las cuales tuvo la fortuna de compartir momentos de su vida.

“En España la lectura no es un vicio nacional”, dice Aquilino Duque. Dense, pues, al vicio y disfruten de Memoria, ficción y poesía.

 

Escrito por Hilda García. Redactora de El Debate de Hoy.

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