Íñigo de Bustos reseña La conciencia del parlamento.

Para Hidegarda Burjan el verdadero progreso radica en que las personas se afanen más y más en su desarrollo personal; pero para ser así fecundas para los demás, transformando el entorno en el que viven. Y de nada vale la ciencia y la acumulación de conocimiento si la vida interior no se ejercita. De otro lado, para Hildegarda, la sabiduría eterna nos exige cada rato para cincelar la propia personalidad, más aún en los momentos de agotamiento, cuando la mente quiere descansar. Quizá porque entonces las personas en su agotamiento, despojadas hasta de sí, resultan fecundas. Sin duda en muchos de esos momentos de agotamiento nuestro compañero propagandista Gonzalo Moreno Muñoz, ingeniero de Telecomunicaciones, con residencia en Austria desde donde viaja a medio mundo con causa en la vorágine empresarial en la que se ve inmerso para salir adelante en su vida laboral y con las responsabilidades familiares propias del bonus pater familias, se encontró providencialmente con la vida de Hildegarda Burjan que tiene el perfil de una santa “propagandista” y se puso manos a la obra a impregnarse de su vida para traducir su biografía e ilustrarnos sobre ella, auspiciado por la Fundación Cultural Ángel Herrera Oria.

La historia de la vida y del pensamiento de la beata nos ilustra, entre otros muchos, en dos aspectos sustanciales: la educación y la política. Empecemos por sintetizar respecto a esta última. La política es un medio para operar cambios sociales, esto es, cambios en la vida de las personas. La política no es un fin en sí mismo, en su caso fue el instrumento para tratar de mejorar el vasto ámbito de la asistencia social.  La indiferencia política y la abstención son un auténtico peligro. El interés en la política es propio de un cristianismo práctico. Porque también tenemos nuestra responsabilidad de la mucha tristeza que recorre el mundo. Hay que buscar un espacio común con el adversario político. Por otra parte, para ella la entrada en la política de las mujeres es un factor con el que podía contribuirse a hacer desaparecer el tono bronco y agresivo y las luchas partidistas infecundas. No puede dejar de mencionarse que le repugnaba mantener la disciplina de partido en cuestiones de conciencia.

Por lo que respecta a la educación lo primero fue atender lo que le enseñaron: la educación es la capacidad de discernir lo principal y lo accesorio en la vida. De la razón al corazón, del estudio a la oración. Luego ella incidió en un principio fundamental: se trata de que las personas tienen que recuperar antes de todo la fe y estima en sí mismos. Con dinero y pequeñeces no se puede ayudar a una persona. Hay que ponerla de nuevo en pie y que sobre sus propias huellas exclame: soy alguien y voy a hacer algo. Se trata no solo de motivar a la gente para un objetivo común sino de entusiasmar y arrastrar, lo que para ella fue, sin duda, un don. Luego se trata de adquirir convicciones profundas bien fundamentadas para defenderlas en público y transformarlas en obras. Esa es la clave para llevar una misión adelante incluso contra el desprecio ajeno. Para lo cual es necesario cuestionarnos si para nosotros lo que hacemos tiene un sentido sobrenatural, un propósito que haga bien, y conforme a ello decidir acordemente.  Muchos han fiado todo a su capacidad formal y luego han fracasado en el trabajo práctico. Pedía, como rezan los propagandistas, no abandonar la lucha por las dificultades o el cansancio, y más confianza en Dios, como aquella con la que ella se lanzó con audacia a rescatar a los desheredados. Bajo esos criterios y pese a sus enfermedades, consiguió obras excepcionales de auxilio social, su fundación y desarrollo; y pese a su pronta muerte en una vida admirable, el consuelo de que su espíritu sigue actuando.

Una persona que para empezar apuntaba en su búsqueda hacia lo más alto, con ambición profunda en algo realmente grande, de lo que constituye buena muestra un fragmento de Paul Lindenberg que recoge en su diario:

La luz arriba con la vista clara,

Siempre adelante, ni un paso atrás,                                                                                

Una esperanza alegre, una aspiración audaz,

Un actuar rápido aun contando lo demás.

Así tendrá la vida razón y fin,

Quién lo grande busca, lo mucho alcanza

En fin, estamos ante una obra cuya traducción era indispensable para ilustrar a quienes de habla hispana quieran como ella adquirir compromisos fecundos en un afán sincero por ayudar, bajo un limpio pensamiento de amor al prójimo que se traduzca en obras.

 

 

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