Tal dia como hoy en 1547 nace Miguel de Cervantes Saavedra, autor de “El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha”.

Con tal motivo reproducimos un extracto de Conciencia y libertad en la literatura europea. De la tragedia clásica al espiritualismo del siglo XIX, de la profesora Ángeles Varela Olea.

La vida del insigne escritor es un ejemplo de dificultades y heroicidades pocas veces visto. En su eximia existencia se aunaron tantas calamidades como reacciones admirables a ellas. Nunca como en este autor, una biografía ha resultado tan esencial para entender la obra. Y sin embargo, dicho lo dicho, piénsese en su obra, en la comedia risueña que es el Quijote. La obra está inundada del inquebrantable carácter y elevados principios cervantinos. Las miserias de la humanidad retratadas son sólo motivo de risa ante el breve paso de nuestra existencia hacia otros caminos de aventuras más honorables. Los ideales cervantinos alientan a su personaje. Es la realidad de una humanidad incapaz de llevarlos a la práctica la que los hace fracasar, provocándonos la risa, pero admiradores de sus motivos.

Nacido en Alcalá de Henares en 1547, era hijo de un «cirujano» de la época, pobre y duro de oído, cuarto de los siete hijos. Durante su infancia estudió con los jesuitas, y para 1561 se trasladó junto a su familia a Madrid. Asistió a lo que vendría a ser la Universidad de entonces, los Estudios Generales de la Villa de Madrid, dirigidos por el humanista Juan López de Hoyos, distinguido hombre de letras que lo tiene por discípulo amado.

 Cervantes viajó por buena parte de Europa. En 1569 sabemos que estaba en Roma, huido a causa de las heridas causadas a Antonio de Sigura, y al servicio de Julio Acquaviva (que poco después será cardenal). En Roma visitó templos, contempló reliquias, admiró termas, fue a Nápoles, Mesina, Palermo, Milán…

 Ante el imparable afán conquistador del imperio otomano, y el ataque a las costas y actos de piratería de los turcos, los venecianos pidieron auxilio y en 1571 se formó la Liga Santa, a la que se adhirió el monarca español Felipe II. Al mando del ejército español se colocó a don Juan de Austria. Cervantes se alistó como soldado en la compañía de Diego de Urbina, que se embarcó en la galera Marquesa. La Liga Santa defendía las fuerzas de la cristiandad en una guerra que trataba de liberar al mundo de la amenaza turca. El 7 de octubre de 1571, en el Golfo de Lepanto, se produjo el enfrentamiento entre los turcos, que respondían al Sultán Selim II, y los cristianos.

La heroica participación del escritor en la batalla de Lepanto quedó recogida en un documento legal de la época, donde leemos que: Cuando se reconoció el armada del Turco, en la dicha batalla naval, el dicho Miguel de Cervantes estaba malo y con calentura, y el dicho capitán… y otros muchos amigos suyos le dijeron que, pues estaba enfermo y con calentura, que se estuviese quedo abajo en la cámara de la galera; y el dicho Miguel de Cervantes respondió que qué dirían dél, y que no hacía lo que debía, y que más quería morir peleando por Dios y por su Rey, que no meterse so cubierta, y que su salud… Y peleó como valiente soldado con los dichos turcos en la dicha batalla en el lugar del esquife, como su capitán lo mandó y le dio orden, con otros soldados. Y acabada la batalla, como el señor don Juan [de Austria] supo y entendió cuán bien lo había hecho y peleado el dicho Miguel de Cervantes, le acrecentó y le dio cuatro ducados más de su paga… De la dicha batalla naval salió herido de dos arcabuzazos en el pecho y en una mano, de que quedó estropeado de la dicha mano

Esa inutilidad de la mano izquierda le acompañaría toda la vida como recuerdo de un acontecimiento histórico fundamental también en su vida. No le faltaba el brazo, sino que le colgaba inútil, haciendo el hecho presente en su memoria. En el prólogo de la segunda parte del Quijote contesta a los insultos de Avellaneda, el apócrifo continuador de su obra, que lo había tratado de viejo y se había burlado de su anquilosada mano: Lo que no he podido dejar de sentir es que me mote de viejo y de manco, como si hubiera sido en mi mano haber detenido el tiempo, que no pasase por mí, o si mi manquedad hubiera nacido en alguna taberna, sino en la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros. Si mis heridas no resplandecen en los ojos de quien las mira, son estimadas, a lo menos, en la estimación de los que saben dónde se cobraron; que el soldado más bien parece muerto en la batalla que libre en la fuga; y es esto en mí de manera, que si ahora me propusieran y facilitaran un imposible, quisiera antes haberme hallado en aquella facción prodigiosa que sano ahora de mis heridas sin haberme hallado en ella.

 Cuando Cervantes regresaba a España en la galera Sol, llevando cartas de recomendación de don Juan de Austria y del Duque de Sessa, les salió al encuentro una flotilla turca. En el combate murió el capitán y varios soldados cristianos. Miguel y su hermano Rodrigo fueron llevados a Argel, el primero como esclavo del renegado griego Dalí Mamí. Como llevaba cartas de recomendación de tan distinguidas personalidades, los turcos creyeron que debía de tratarse de alguien importante a quien convenía dejar vivo para obtener un buen rescate.

Puede seguir leyendo en Conciencia y libertad en la literatura europea. De la tragedia clásica al espiritualismo del siglo XIX

Comments are closed.