El pasado mes de febrero celebramos nuestro Congreso de novela policíaca. Hablamos de personajes que quedaron para siempre en nuestra memoria (Maigret, Holmes, El Padre brown…) y de autores que sentaron las bases del género, como Agatha Christie.

Como forma de dar continuidad al ciclo -y para añadir a otro de los autores que engrandecen a la novela negra- hoy hablamos de Raymond Chandler. El autor era contrario al rumbo que estaba tomando la narrativa sobre crimen, en especial la novela-enigma inglesa. Criticó abiertamente, de hecho, a la obra cumbre de Christie (en una carta a George Harmon Coxe). De ”Diez negritos” comentó su carácter de entretenimiento; y su rechazo al trato que la novela hace con el lector. ”Tergiversas las pistas, los tiempos, asumes certidumbres(…)”.

Estamos, por tanto, ante un purista de este tipo de relato. Este realismo absoluto conduce a que en muchas ocasiones las razones de los crímenes son sencillas, como el dinero o la corrupción del sistema. En sus historias, de todas formas, este crimen es solo un hilo conductor. El autor se muestra mucho más interesado en describir su país (sobre todo Los Ángeles, opresiva y oscura) y la corrupción del establishment del momento, vista a través de los ojos de Philip Marlowe, un duro e incorruptible detective que también es un observador extraordinario.

Marlowe cuenta con una lengua afilada que da lugar a diálogos ingeniosos, y frases y descripciones irrepetibles.

La recopilación de sus relatos en Todos los cuentos (RBA) es una buena ocasión para familiarizarse con su estilo, antes de saltar a El Sueño Eterno o El largo adiós, ambas imprescindibles para amantes del género.  ¡No os perdáis a Marlowe!

 

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