
Areté, palabra originaria de la antigua Grecia, designa la excelencia, perfección o cumplimiento del máximo potencial de una persona. La colección busca publicar ensayos que piensen el hecho educativo desde este presupuesto: la relación personal que busca el perfeccionamiento de maestros y discípulos, juntos en búsqueda de la verdad.
En las escuelas, empachadas hoy de racionalismo, sigue explicándose el nacimiento de la filosofía como un tránsito del mito al logos, como si el relato excluyese la razón y la razón excluyese el relato. Nada más lejos de la realidad: Platón se sirvió con frecuencia de los mitos y era tan incuestionablemente filosófico que muchos consideran toda reflexión posterior como una simple nota a pie de página de sus obras. También recurre a ellos Pablo J. Díaz Tenza, quien persigue la esencia de la enseñanza –objeto de este libro– y se encomienda, pese a todo, menos al silogismo que a la imagen.
El mito es, contra lo que piensan los racionalistas, una filosofía de frontera. Aparece allá donde la argumentación se revela insuficiente, allá donde el intelecto puro sólo puede balbucear. ¿Acaso el relato de Ícaro no desnuda nuestras ambiciones mejor que cualquier tratado? ¿Acaso el Génesis no transparenta el origen del mal más nítidamente que cualquier disertación? El hombre es paradójico porque fabula para explicar, porque relata para retratarse. La fantasía tiene también propiedades gnoseológicas. En El fuego de Prometeo, los viejos mitos iluminan las entrañas de un fenómeno sempiterno: educar y ser educado.
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El fuego de Prometeo. El alma del maestro. Educación y mito en clave humanista – CEU Ediciones